
Una historia, que realmente me conmovio.
Después que los juzgaron, encontraron culpables y sentenciaron a muerte, llevaron a los veintiséis cristianos al lugar en el que se elevaban toscas cruces. El arresto ocurrió casi tres meses antes en Kyoto, Japón, acusados de seguir a Cristo. Uno de los convictos se llamaba Ibaraki Kun.
Viendo lo joven que era Kun, un oficial lo llamo a un lado y lo alentó a que renunciara a su fe para salvar su vida. Mirándolo a los ojos, Kun dijo con confianza “Señor, seria muchísimo mejor si usted mismo se convirtiera en cristiano. Entonces podría ir conmigo al cielo.
El oficial lo miro con fijeza, sorprendido por la fe del joven. Al final, Ibaraki pregunto “Señor, cual es mi cruz”.
El desconcertado oficial señalo la mas pequeña de las veintiséis cruces. El joven Kun corrió a la cruz, se arrodillo delante de ella y la abrazo. Cuando los soldados comenzaron a clavar sus manos y sus pies a la cruz, no grito de dolor. Acepto con valentía el camino que le preparo Dios.
La crucifixión de los veintiséis cristianos el 23 de noviembre de 1596 fue el comienzo de un periodo de intensa persecución contra los cristianos en Japón. Por los siguientes setenta años, matarían por su fe alrededor de un millón de cristianos japoneses. Muchos abrazarían sus propias cruces siguiendo el ejemplo de Ibaraki Kun, un niño muy maduro de 12 años de edad.
Que nadie te menosprecie por ser joven. Al contrario que los creyentes vean en ti un ejemplo a seguir en la manera de hablar, en la conducta y en amor, fe y pureza. 1 Timoteo 4:12
Dios los bendiga amigos, espero les haya gustado.




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